MARTÍN LAZO CUEVAS Norteamérica en la Encrucijada: Las Cartas sobre la Mesa para el Futuro del T-MEC
2026-09-21 14:19:25
🔊
Escuchar esta noticia
Voz sintética en vivo
El calendario comercial de América del Norte ha alcanzado uno de sus puntos de inflexión más determinantes desde la entrada en vigor del T-MEC en 2020. Tras rebasarse la marca del sexto aniversario del acuerdo, la decisión de la Representación Comercial de Estados Unidos (USTR) de no otorgar una extensión automática por 16 años bajo el Artículo 34.7 ha reconfigurado la dinámica geopolítica de la región. Lejos de implicar un colapso del tratado, esta postura activa el mecanismo de revisiones anuales obligatorias, manteniendo el marco operativo, los aranceles preferenciales y la certeza jurídica garantizados al menos hasta 2036. Sin embargo, el mensaje de Washington es claro: el libre comercio en el subcontinente ya no se gestiona de forma inercial, sino bajo un escrutinio permanente.
En el plano horizontal, las tensiones trilaterales obedecen a vectores económicos muy claros. La agenda estadounidense, ahora conducida en el frente comercial por Jamieson Greer al frente del USTR y Howard Lutnick en el Departamento de Comercio, presiona por un endurecimiento sin precedentes en las reglas de origen de sectores estratégicos como el automotriz, el acero, el aluminio y los minerales críticos. El objetivo de fondo no es solo reducir sus abultados déficits comerciales, sino erigir una muralla de contención contra el capital asiático. Washington exige un filtro implacable a las inversiones e insumos provenientes de economías que no son de mercado —principalmente China— para evitar que utilicen la plataforma manufacturera mexicana como un puente de triangulación hacia el mercado norteamericano.
Ante esta embestida, la estrategia mexicana encabeza por el Secretario de Economía, Marcelo Ebrard Casaubon, y su Subsecretario de Comercio Exterior, Luis Rosendo Gutiérrez Romano, junto al respaldo de la Cancillería con Roberto Velasco, busca preservar a toda costa la fluidez del nearshoring. México y Canadá —este último representado por el Ministro Dominic LeBlanc y la embajadora Kirsten Hillman— coinciden en que la revisión no debe convertirse en un factor de parálisis ni en un rehén de la política electoral estadounidense.
Es en la dimensión vertical donde México despliega una de sus fortalezas más sofisticadas pero menos visibles: la articulación entre el gobierno federal y el empresariado. A través del Consejo Consultivo Estratégico de Negociaciones Internacionales (CCENI) y la histórica estructura del Cuarto de Junto, encabezados por José Medina Mora Icaza desde el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) y coordinados técnicamente por Judith Garza Rangel, el sector privado opera como un cerebro analítico de contención. Pero el verdadero peso pesado en el terreno estadounidense lo constituyen las 84 grandes empresas mexicanas consolidadas en suelo norteamericano. Firmas de la talla de Bimbo, Gruma, CEMEX y Alfa/Nemak no solo exportan; generan empleo directo, inversión de capital y valor agregado en decenas de distritos electorales en Estados Unidos. Su labor de cabildeo bipartidista ante gobernadores y congresistas estadounidenses demuestra que la integración productiva es un camino de doble sentido: frenar a México implica impactar directamente la economía de los condados norteamericanos que estas empresas dinamizan.
Las estadísticas del intercambio comercial le dan un sustento numérico irrefutable a esta interdependencia. México se mantiene firme como el primer socio comercial de Estados Unidos, concentrando el 16.5% del comercio total de mercancías de esa nación. El dinamismo es contundente: en el primer semestre de 2026, las ventas mexicanas hacia EE. UU. alcanzaron los 298,200 millones de dólares (+13.0% interanual), mientras que las compras a productores estadounidenses sumaron 195,600 millones de dólares. Este intercambio arroja un superávit comercial favorable a México de 102,600 millones de dólares en solo seis meses (tras registrar un récord de 196,900 millones en 2025). Por su parte, la relación entre Canadá y Estados Unidos genera un flujo de 200,200 millones de dólares en exportaciones canadienses frente a 175,800 millones en importaciones desde EE. UU., dejando un superávit para Ottawa de 24,300 millones de dólares. Incluso el comercio bilateral entre México y Canadá, aunque de menor volumen, muestra un crecimiento acelerado con un superávit favorable a México de 5,238 millones de dólares en la primera mitad del año.
La batalla por la renegociación del T-MEC no se resolverá con discursos proteccionistas, sino con la contundencia de los datos y la integración de las cadenas productivas. Mientras las mesas técnicas avancen en las revisiones anuales, la diplomacia comercial mexicana deberá equilibrar con maestría la firmeza soberana frente a las exigencias de Washington, la diplomacia técnica del Cuarto de Junto y el poder de influencia de sus grandes corporativos en suelo estadounidense. Lo que está en juego en los próximos años no es únicamente un paquete de reglas arancelarias, sino la definición misma de América del Norte como el bloque económico más competitivo del planeta.